Un babyshower frente al mar

By 20/11/2014Historias

Minutos antes de una carrera, un famoso motorista inglés dijo algo parecido a lo siguiente: “No me interesan las mujeres, me interesan las motos. Si a todos nos gustase lo mismo, hoy no habría espacio para mí en la parrilla de salida”.
A mí, por ejemplo, no me gustan las aglomeraciones. Lo sé desde que cumplí ocho años y, para celebrarlo, mi padre llevó a toda la familia a un parque de atracciones. Mientras mis hermanas se lo pasaron en grande subiendo y bajando de atracciones y siendo engullidas y vomitadas una y otra vez por aquella marea humana, yo permanecí aferrada a las faldas de mi madre mientras le gritaba a mi padre que era el peor padre del mundo por hacerme el peor regalo del mundo. Y, aunque a él le  perdoné hace tiempo, en lo de las multitudes me mantengo en mis trece.

Algo parecido le habría pasado a Flor si su amiga Cocó no la conociese como la conoce. La conoce mejor, al parecer, que un padre a su hija de ocho años. Y resulta que Flor es un “espíritu tranquilo” como una servidora (no nos confundáis con pacíficos budistas, somos más bien  ninjas meditando, capaces de cortar cabezas como nos chafen el trance). Pero a lo que iba: Flor es, sosegada, amable y  dulce, cuyo mayor disfrute es pasar el tiempo con sus mejores amigas…

Por eso, cuando Cocó supo que  Flor, esa chica tan adorable, estaba esperando un niño, nos llamó y nos la describió de tal modo que produjo en nosotras dos reacciones. La primera fue preguntarnos por qué no tuvimos una hermana como ella. La segunda fue hacernos cargo de todo.

Lo que hicimos fue alquilar un pisazo espectacular, con vistas aún más espectaculares, con el mar de fondo, en la ciudad donde Flor, Cocó y el resto de amigas, que ahora viven en ciudades distintas, solían pasar los veranos. Allí merendaron, y  prepararon bodis y accesorios para el bebé que estaba por llegar.  Relajadas, compartieron las historias nuevas y viejas, cotillearon y rieron hasta que las mandíbulas comenzaron a doler… Eso es la felicidad para una persona tan adorable como Flor.

Espero que a Leo –ese será su nombre-,  se le pegase algo de aquel día tan maravilloso. Dicen que, cuando aún no hemos nacido, somos muy sensibles a lo que sucede en el exterior. Puede que a mi madre, embarazada de mis hermanas, le diera por los conciertos de Heavy Metal.

GRACIAS

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